Alexias de Atenas, de Mary Renault: el amor homosexual en la Antigua Grecia

sábado, 8 de enero de 2011
Hace mucho tiempo que tenía pendiente la obra de Mary Renault, quien escribió magníficas novelas de temática homosexual no solo femenina (era lesbiana y sus primeras novelas fueron de temática lésbica), sino también masculina. Alexias de Atenas es su primera novela histórica, del año 1956. En general, como de historia no sé mucho, este tipo de novelas no me atraen demasiado. Prefiero las novelas actuales, la narrativa contemporánea, en las que pueda observar el mundo a mi alrededor y pensar, cosa que siempre busco en una novela de temática LGBT.

Lsx dejo con mi artículo acerca de Alexias, con la que voy a intentar hacer un breve retrato de cómo eran las relaciones homosexuales masculinas en la Antigua Grecia. Una pequeña advertencia que hago es que en la novela, como en la mayoría de las novelas históricas, se confluyen la ficción y la realidad, y cuando menciono a Sócrates o a Critias no me estoy refiriendo a los personajes históricos, sino a los personajes de la novela. Un chiste que hacen los profesores de Teoría Literaria de la UBA es que cuando el alumno entiende que el "Borges" de los cuentos de Jorge Luis Borges no es el mismo "Borges" de la vida real ni el "Borges" de la tapa del libro, ya tiene aprobada la materia.



Título de la obra: Alexias de Atenas
Título original: The Last of the Wine
Autora: Mary Renault
Editorial: Salvat
Año: 1992

Se está manejando una edición digital.

Sinopsis:
La edad de oro de la Atenas de Pericles llega a su fin con la guerra del Peloponeso. Atenas se rinde ante su enemiga Esparta como un noble y poderoso animal acostumbrado a señorear sabiamente su territorio. Pero el siglo V aC. es también una época de exuberancia creadora y brillantez intelectual: Platón, Sócrates, Jenofonte serán personajes de excepción en la juventud de Alexias, un muchacho ateniense que cobra vida gracias a la pluma de Mary Renault. Alexias de Atenas es una soberbia recreación de la vida cotidiana en la Grecia clásica, un canto a la amistad y al amor entre los jóvenes guerreros griegos, agridulce como el último vino que se comparte con amigos antes del combate.



Alexias de Atenas, de Mary Renault: el amor homosexual en la Antigua Grecia


Hablar de "homosexualidad" en la Antigua Grecia es semánticamente incorrecto. No obstante, es el término que utilizamos actualmente para referirnos al amor y la atracción entre personas del mismo sexo. En la novela histórica Alexias de Atenas, de Mary Renault, observamos que entre el narrador y protagonista, Alexias hijo de Miron, y su amante, Lisias hijo de Democrátes, existen un profundo amor y una estrecha amistad.

Alexias recibe su nombre de su tío, quien muere el mismo día de su nacimiento. Alexias, hermano menor de Miron, se suicida con cicuta cuando comprende que la muerte va a llevarse a su amado Filón por causa de la peste que asola Atenas. Ante esta decisión, Miron decide honrar la memoria de los dos amantes erigiendo un monumento fúnebre y llamando Alexias a su hijo. Alexias, en su narración, nos dice:

( ... ) pero más tarde, mi abuelo erigió una lápida para Alexias, en la calle de las Tumbas, con un relieve en el que aparecían los amigos con las manos unidas en despedida, y una copa junto a ellos, en un pedestal (p. 9).


Este testimonio, aunque ficticio, nos muestra que esta relación homosexual entre Alexias y Filón era normalmente aceptada por su familia y la sociedad en general. Para los griegos, esta atracción homosexual era moneda corriente.

Cuando su padre parte rumbo a Sicilia (dato por el que podríamos situar el nacimiento de Alexias alrededor del 430 a.C., ya que la expedición parte históricamente en el 415 a.C.), Alexias comienza a ser objeto de los cortejos de los hombres. Uno de sus cortejadores es el mismísimo Critias, quien será uno de los Treinta Tiranos luego de que Atenas sea derrotada. En la última batalla que Alexias nos narra, él mismo da muerte a Critias.

( ... ) después de la partida de mi padre, Critias se reveló, no como cortejador, que podía ser cortésmente rechazado, sino como una plaga furtiva a quien, a mi parecer, la ley debiera prohibirle incluso acercarse a los hijos de los hombres libres. Como he dicho ya, tenía la repugnante costumbre de abusar del sentido de la decencia de uno, de su respeto por sus mayores (p. 175).


Existían reglas socialmente establecidas en cuanto al cortejo; quién podía cortejar, quién podía ser cortejado, y cómo debía reaccionar el cortejado ante el cortejo. Una relación homosexual entre dos hombres adultos era infrecuente y objeto de burlas, aunque solía ocurrir que el lazo entre los amantes se mantuviera durante su vida adulta. El cortejo era intergeneracional: el cortejador ya era un hombre y el cortejado un adolescente de entre quince y veinte años. Este era el mismo patrón que seguía el matrimonio, las muchachas eran casadas entre los quince y dieciocho. El propio Miron, cuando su primera esposa muere dando a luz a Alexias, contrae matrimonio de nuevo con una muchacha de dieciséis años. Y Lisias, amante de Alexias, se casa luego con una joven de apenas trece.

Estaba mal visto que el muchacho cortejado cediera fácilmente ante su cortejador. Por eso, cuando Alexias es cortejado por Polimedes, se muestra frío y lo rechaza con su indiferencia. Antes de partir rumbo a Siracusa, el padre de Alexias le advierte cómo debe proceder antes sus inminentes cortejadores:

( ... ) de los cortejadores que son atraídos por la belleza, quizás haya algunos de quienes no debe desconfiarse; pero primero hay que merecerlos. En cuanto a los demás, aquellos a quienes no importaría que fueras bobalicón, cobarde o mentiroso, te creo capaz de reconocerlos por ti mismo; pero encontrarás otros que, aunque fueras cualquiera de esas tres cosas, dejarían que pisotearas su orgullo y los arrastraras como esclavos. Desprécialos, aunque sean más distinguidos en otros aspectos ( … ), harás bien en recordar a tu tío Alexias. Considera si el hombre haría por ti lo que tu tío hizo por Filón; y, además, no dejes de preguntarte a ti mismo si tú lo harías por él (p. 165).


De esta manera, el padre de Alexias previene a su hijo de la deshonra, sabiendo que (aunque la novela finalice antes) Alexias también será algún día un cortejador que cortejará a un muchacho.

Y como broche de oro, Miron concluye:

Espero que a tu edad no hayas tenido experiencia con mujeres.


Meses más tarde, cuando por fin Alexias logra acudir a las reuniones de Sócrates (a su padre le desagradaban los sofistas y jamás se lo habría permitido), le pide consejo acerca de Polimedes. Sócrates lo lleva al encuentro de Lisias. Ese es, gracias a Sócrates, el comienzo de su relación amorosa. Lisias hijo de Demócrates tiene veintiséis años, mientras que Alexias aún no es efebo, es decir, no ha cumplido los dieciocho años.

La reacción de los discípulos de Sócrates ante la relación entre Alexias y Lisias sorprende al lector contemporáneo: la completa aceptación, la naturalidad y hasta el contentamiento.

Sócrates nos vio primero, y nos saludó con un gesto de la cabeza y sonriendo, sin dejar de hablar. Los demás nos hicieron sitio, con la sencillez acostumbrada; sólo Agatón redondeó sus ojos azules y nos sonrió dulce y abiertamente (p. 249).


Y la reacción de su padre se manifiesta en una carta:

Apruebo tu elección de un amigo; es un joven de buena reputación, a cuyo padre conozco. No descuides tu instrucción, ni en virtud ni en campaña, para que vuestra amistad pueda ser honrada tanto por los dioses como por los hombres (p. 361).


Lisias se convierte en el compañero incondicional de Alexias, y en su narración el protagonista no duda en referirse a su sentimiento como amor. Sin embargo, su relación parece ser de una castidad absoluta, ya que no hay menciones a las relaciones carnales, ni siquiera a la atracción física. El único momento en que, desde nuestra cultura, podríamos considerar algo cercano al contacto amoroso, tiene lugar en los Juegos de Corinto, cuando Lisias pierde un combate y queda al borde de la muerte. Se trata de apenas un beso:

Sus labios eran fríos al tocarlos con los míos (p. 517).


Más que amantes en el sentido moderno del término, la relación que mantienen Alexias y Lisias es de compañerismo, amistad y aprendizaje. Lisias le promete a Alexias que pedirá que lo coloquen bajo su mando, y cuando a su escuadrón le faltan tres hombres, no duda en acudir a él. Cuando Alexias se involucra con una mujer casada, Lisias lo censura y le dice que la próxima vez que desee los favores de una mujer deberá comprar los servicios de una prostituta.

La prostitución masculina era tan común como la femenina. Como consecuencia de la guerra, la ciudad de Milo fue asediada durante dos años y luego destruida. Numerosos niños, jóvenes y mujeres fueron vendidos como esclavos. Tal fue el caso del bello Fedón, hijo de una familia noble, quien en vez de ser vendido como esclavo, fue comprado por Gurgos y obligado a prostituirse en sus baños. Alexias nos describe a Fedón como un joven de gran belleza:

Aquel joven poseía lo que a menudo cantan los poetas líricos, pero muy raramente se ve: ojos muy negros y cabello del más puro rubio, que parecía de seda. Lo llevaba cortado recto en las cejas, fuertemente dibujadas y enarcadas. Su boca era de noble corte, pero extraña, suave y secreta; su belleza no era de Apolo sino de Dioniso (p. 267).


Sin embargo, Fedón no está destinado a prostituirse por el resto de su vida. Durante el día acude a las charlas de Sócrates, quien no cobra por su enseñanza. Ambos protagonizan una escena que habla por sí misma:

Mientras hablaba, Sócrates, con aire ausente, alargó la mano para tocarlo, pasando uno de sus mechones entre sus dedos. Era como si un hombre tocara una flor, pero observé el gesto de alejamiento del muchacho, y el cambio en la expresión de su rostro. Sus negros ojos parecieron irritarse; hacia pensar en un animal medio domesticado, que se disponía a morder. Al sentir el movimiento, Sócrates bajó la mirada hacia él; por un momento sus ojos se encontraron. De pronto, el muchacho volvió a parecer reposado; su cara recobró su anterior falta de expresión, y quedó rodeándose las rodillas con las manos, mientras Sócrates le acariciaba el cabello (p. 271).




Sometido a los hombres adultos por su condición, Fedón rechaza el contacto de Sócrates. Sin embargo, Sócrates desprecia a la clase de hombres que se encaprichan con los muchachos tanto como Miron. Fedón recapacita al darse cuenta de que no puede comparar a esos hombres con Sócrates. Para la moral de Sócrates, los hombres que acosan desvergonzadamente a los jovencitos en busca de sus favores no son más que cerdos. Así lo expone en una de sus reuniones, reprobando la actitud de Critias. Su amonestación, años más tarde, cuando Critias seamagistrado, estará a punto de costarle la vida:

¿Tienes fiebre porcina, Critias, que te frotas en Eutidemo como un cerdo contra una piedra? (p. 347).


Gracias la influencia de Sócrates, Critón compra la libertad de Fedón al viejo Gurgos. Gurgos, como todo proxeneta, se muestra reacio a dejar ir al bello Fedón. Critón lo interpela, le pregunta si sus muchachos han bebido de la fuente de la juventud y le dice que volverá en un par de años. Horrorizado, sabiendo que la belleza es efímera, Gurgos accede a vender a Fedón.

Tanto Lisias como Critias mantienen paralelamente relaciones con mujeres. Lisias con una flautista corintia; y Alexis con Eufro, una mujer de más edad que él y de gran cultura. Sin embargo, a Alexias le angustia que su amante tenga que casarse y, finalmente, el momento llega. Lisias elije a Talía, una joven de trece años cuya familia ha muerto y que vive bajo la sombra de su cuñada. Talía es una criatura frágil y débil, y Lisias en varias ocasiones se refiere a ella como la chiquilla. Las esposas de los griegos, tal como él expresa, solo son las madres de sus hijos y las encargadas del hogar:

-Oh, quiero casarme en seguida, y procuraré que así sea. Será el único modo de conseguir algo de ella. Tal como es, cualesquiera sean los defectos de su crianza, tiene sus virtudes. Le han enseñado buenos modales, y también a ser valerosa y decir siempre la verdad, aun cuando no se hayan preocupado de enseñarle a bordar (p. 789).


La amistad de Alexias y Lisias se mantiene luego de la boda sin ninguna alteración. Finalmente, en la batalla entre los tiranos y Trasíbulos se cumplen las palabras dichas por Miron, quien le aconsejó a Alexias que eligiera a su amante con sabiduría: Considera si el hombre haría por ti lo que tu tío hizo por Filón. Cuando es herido, Alexias grita por la ayuda de Lisias y este intenta ir a su encuentro. Lisias muere en combate y en sus últimos minutos de vida le pide a un soldado que le entregue a Alexias su anillo.

Alexias de Atenas nos enseña que, en cuanto a la Griega Clásica se refiere, no es correcto hablar de homosexualidad, sino de relaciones homosexuales. Estas, lejos de ser consideradas una perversión, eran un complemento esencial en la vida de los efebos. No solo eran un lazo sentimental o erótico, sino también pedagógico y espiritual. Los adolescentes no aprendían de sus amantes solo las ciencias o la guerra: era por medio de los hombres la mejor manera en que se llegaba a ser hombre.



LA AUTORA


Mary Renault, cuyo nombre de nacimiento era Mary Challans (Londres, 4 de septiembre de 1905-, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 13 de diciembre de 1983) fue una escritora británica, autora de numerosas novelas históricas ambientadas en la antigua Grecia y novelas de temática homosexual.

Artículo completo en Wikipedia



Bibliografía:

Cosmelli Ibáñez, José, 1981. Historia I. Buenos Aires : Editorial Troquel.

Pederastia en la antigua Grecia
Amor entre hombres en la Grecia Clásica
Homosexualidad en la Antigua Grecia
Prostitución en la Antigua Grecia





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6 comentarios:

  1. Anónimo dijo...:

    Wow, una excelente reseña, Nimphie. Me dejas con la boca abierta, tenía un poco de idea de cómo era el tema de la homosexualidad en Grecia, pero no sabía que fuese tan bien aceptado y hasta un honor, y que fuera una parte tan importante en al vida de los griegos.
    Excelente reseña, genial trabajo. Sigue así!!
    Besos.
    Fer

  1. Aineric dijo...:

    Yo ya conocía este aspecto de la homosexualidad en Grecia gracias a mi profesor de filosofía, que nos lo explicó al hablar de Sócrates.

    Mi clase - yo incluida - alucinamos, teniendo en cuenta que, aunque ya no se ve tan mal esta inclinación sexual, hoy en día sigue habiendo gente que lo ve como una aberración.

    Muy buena reseña!! ^^

  1. Nimphie Knox dijo...:

    Hola, Fer. Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado el artículo :)

    Aineric:
    Qué bueno que tu profe se lo haya comentado. Yo fui a un colegio católico y los profesores de esto ni mu. Gracias por pasarte y comentar :)

    Nimphie

  1. Anónimo dijo...:

    Es una reseña realmente buena,me permitió tener una mejor perspectiva de como lo dices tu, las relaciones homosexuales. Siempre he oído que en la antigua Grecia la homosexualidad (aunque no sea la palabra correcta) era aceptada pero nunca supe en q forma. Lo que me entristece es ver el papel tan poco valioso q representan las mujeres.
    gracias

    ATT: BICO

  1. Nimphie Knox dijo...:

    Hola, Bico, muchas gracias por pasarte por acá. Me alegra que el artículo te haya sido útil :)

    Y la verdad es que sí, la mujer era solo madre y ama de casa. Era otra cultura, pero si lo pensamos bien, el modelo de pareja heterosexual actual es muy parecido.

  1. Abii Mata dijo...:

    Ah! Como quiero tener sus libros en físico :3...Me encanto tu reseña Sofi!

 
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