Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarria

lunes, 31 de enero de 2011
Encontré Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarria, en una librería del centro de Buenos Aires (Losada), por pura casualidad. A pesar de que lo tenía en formato electrónico, decidí comprármelo porque estaba a muy buen precio y soy bastante reacia a los eBooks si tengo la oportunidad de comprar el libro en papel. Estoy manejando la edición de Ediciones Destino, del año 2000.


Sinopsis:

Premio Nadal 1998. Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica devorahombres compulsiva; y Beatriz, que considera que el amor no tiene género. Tres momentos de la vida de una mujer y dos ciudades, Edimburgo y Madrid, para una novela única sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.









Un breve acercamiento a la novela


La vida de Beatriz comienza cuando conoce a Mónica, que repite el curso y se vuelve su mejor y única amiga. Como la misma Bea lo dice, Mónica se transforma en su sol, y ella, en apenas un planeta o un satélite a la deriva. Mientras Beatriz no se siente atraída por los chicos y se mantiene virgen, Mónica colecciona novios y no tiene ningún reparo al momento de dejarlos y tener relaciones sexuales con otros.

La personalidad avasallante de Mónica atrae a Bea, la fascina y la enamora. Las peleas que Beatriz tiene con su madre en su casa y la absoluta falta de compromiso de su padre la llevan a pasar la mayor parte del tiempo en casa de su amiga, mientras la madre, el padrastro y los hermanastros de esta veranean en Mallorca. Mónica comienza a consumir drogas y con su novio y camello -Coco- venden en los bares de Madrid los medicamentos que su madre -Charo Bonet- tiene guardados en su cajón privado.

En el personaje de Mónica -y también un poco en Beatriz- vemos la crítica que la novela dirige a las clases altas de la sociedad: la poca atención que algunos padres, encerrados en el trabajo que les permite vivir acomodadamente, les brindan a sus hijos, dándoles más libertad de la que deberían tener y desembarazándose de ellos cuando se acercan a la edad adulta.

En Herminia, la madre de Beatriz, la crítica está dirigida al propio concepto de mujer que aún persiste en la sociedad: educada en un convento de monjas y casada a los dieciocho años con un hombre capaz de mantenerla, la madre de Beatriz está disconforme con su vida y se pasa las tardes encerrada en su cuarto. Su marido, diez años mayor, se casó con ella con el propósito de sentar cabeza y la esperanza de tener hijos. Sin embargo, los hijos no llegaban y la decepción acabó con su amor. En esta pareja observamos claramente las irreconciliables funciones que la sociedad determina para los hombres y las mujeres: la vida doméstica y la vida pública; Herminia, menos mujer de lo que su marido había esperado de ella, debe soportar sus infidelidades sin atreverse a nada más que a las peleas a puertas cerradas.

A propósito de esto, Bea dice:


Tenía [mi madre] el novio más guapo de Madrid y llevaba una vida digna de figurar en los ecos de la sociedad. Era feliz, en suma. Nadie le había enseñado a aspirar a más (p. 118).


Frente a este modelo de figuras materna y paterna, Beatriz se va forjando su propia idea del amor, que nada tiene que ver con el matrimonio, los roles sociales o la moral religiosa:


Y si yo no era una chica, si era algo así como una especie de alienígena infiltrado que no era él ni era ella, ¿por qué tenía entonces que enamorarme de un hombre y casarme y tener hijos si a mí no me apetecía? ¿Por qué no iba a enamorarme de quien a mí me diera la gana? (p. 144)


Beatriz no se identifica como lesbiana, tampoco como bisexual. No ata su orientación sexual a su identidad de género, tampoco a las consideraciones biológicas. De hecho, como veremos más adelante, Bea parece rechazar el concepto de orientación sexual. Y por eso, cuando su padre le propone que abandone Madrid para que se aleje de la nefasta influencia de su madre y ella viaja a Edimburgo para estudiar inglés, conoce a Caitlin en un bar y comienza con ella una relación amorosa.

Sin embargo, Bea no ha olvidado a Mónica y eso le impide amar a Cat; vive comparándolas y le molesta la debilidad que a veces Caitlin muestra, la voz aniñada y cariñosa con la que le habla cuando la ve triste. En Edimburgo también conoce a Ralph, estudiante de arte, con quien mantiene relaciones sexuales esporádicas. A diferencia de Caitlin, Ralph solo desea sexo y decide terminar la relación cuando advierte que Bea busca algo que él no puede (o no desea) darle.

Cuando finaliza la carrera, Beatriz decide volver a Madrid y va en busca de Mónica. La encuentra internada en una granja de rehabilitación por culpa de las drogas, muy lejos de la muchacha avispada y rebelde que había amado:


Yo ya no aspiro a grandes fuegos, apagado el incendio que Mónica supuso. Ahora sólo espero renacer de mis cenizas y disfrutar de ciertas brasas de pasión... (p. 265)


Comprendiendo que el amor que aún sentía por Mónica no era más que el amor a un recuerdo, el último capítulo de la novela se titula "Luz desde una estrella muerta", y Bea nos dice, con una de las muchas metáforas que evocan aquel deseo de su amiga de estudiar astronomía :

Al despedirme de Mónica comprendo que todo aquel amor que he mantenido vivo durante cuatro inacabables años no ha sido más que la luz de una estrella muerta (p. 263).

Con una narración íntima y profunda, Beatriz y los cuerpos celestes nos invita a compartir la experiencia de vida de una mujer que podría ser cualquiera de nosotras, en un viaje que nos hace replantearnos varios de los interrogantes que seguramente alguna vez se nos han pasado por la mente. Uno de ellos, quizás el que intriga más a quien escribe: ¿Por qué amamos y deseamos a quienes, en efecto, amamos y deseamos?


Para concluir, los dejo con un par de párrafos que resumen a la perfección las ideas que Bea tiene al respecto:


Yo puedo amar a hombres y a mujeres. No distingo entre sexos.

Los niños van de rosa, las niñas van de azul. Rosa es el color de los afectos. Azul el de los uniformes de trabajo. Monos de mecánico, trajes de azafata. Azul. Corbatas de ejecutivo, bolígrafos para hacer cuentas. Rosa. Cubiertas de novela romántica y cajas de bombones. Los hombres son racionales y las mujeres sentimentales. Se nace persona. Dos días después te perforan las orejas. Te ponen unos patucos rosas. Ya eres una niña. Vas a un colegio de niñas. Te visten con falda y coletitas. Cumples catorce años. Tu primer pintalabios. Ya eres una mujer. Cumples quince. Zapatos de tacón. Te sonrojas ante los chicos en la parada del autobús. No corres los cien metros. No escuchas heavy metal. Ya eres una cretina.

¿Qué aprendí en la facultad? ¿Qué escribía en mis trabajos? El concepto de género está sometido a manipulaciones sociales. Una convención impuesta. No asociada a factores biológicos. Nacer hombre o mujer no supone implicaciones de comportamiento irreversibles. Nos comportamos como tales por educación. Los roles sexuales se aprenden en función de los hábitos culturales. No son innatos. Las mujeres no son hembras porque lleven tacones. Los hombres no son machos por llevar corbata.

Cumplí quince años y dejé de ir a misa. Cumplí dieciocho y besé a Mónica. Luego me largué a Edimburgo. Y allí me rapé el pelo y me compré unas botas de comando. En la calle nadie sabía si yo era chica o chico. Fue la última transgresión. La última transgresión.

Cada delicado detalle de mi cuerpo puede ser interpretado o reinterpretado, según quiera ser mujer o persona. Mi vagina puede ser la puerta del placer o de la vida. Mis pechos, fuente de leche o puntos eróticos. Mi ombligo perforado puede ser un reclamo o la señal de una conexión futura entre mi vida y la de otro que dependerá de mí. Mi cuerpo, con un feto dentro, ¿estará pleno de vida o simplemente invadido, deformado y destruido?


LA AUTORA

Doctora Honoris Causa en Letras por la Universidad de Aberdeen, Lucía Etxebarría (España, 1966) ha escrito varios guiones para cine y ha ganado los premios Primavera de Novela, en 2001 y Nadal, en 1998.

Lucía Etxebarria en Wikipedia




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2 comentarios:

  1. Fer dijo...:

    Vi este libro hace tiempo en el blog de libros homoeróticos, creo que ya en el 2009, y me lo descargué, lo empecé a leer pero no me enganchó :(
    Creo que era como demasiado profundo y no me terminaba de enganchar al ritmo, que tenía a veces páginas y páginas de reflexiones...
    Creo que voy a darle (o darme^^) otra oportunidad :)
    Gracias Nimphie por la reseña.
    Besos!!
    Fer

  1. Nimphie Knox dijo...:

    ¡Hola, Fer!

    Sí, a veces nos pasa que por cosas de la vida diaria no soportamos un libro que vaya lento o que tenga, como decís, muchas reflexiones. Cuando me pasa eso, cuando estoy estresada y nerviosa, prefiero no leer, porque si leo "como" (de "comer") los libros. No puedo saborearlos como se merecen.
    Sí, soy de la opinión de que deberías darle otra oportunidad :)

 
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