De profundis, de Oscar Wilde: el amor que no se atreve a decir su nombre

sábado, 5 de febrero de 2011
Empecé a leer De profundis hace un tiempo, en mi eReader, pero pronto abandoné la lectura porque no me resultaba satisfactorio el soporte. Así que, cuando me regalaron el libro, pueden imaginarme lo feliz que me puse. De profundis es una obra que, a pesar de ser corta, exige tiempo y tranquilidad. Es uno de esos textos que tienen que leerse por lo menos dos veces.

Disfruté mucho leyendo la obra y haciendo esta reseña. No puedo hacer más que recomendarla, sin duda es una de las mejores lecturas que hice en estos dos últimos años. A decir verdad, Oscar Wilde no me cae muy bien. Claro, no lo conocí (jeje), pero me es imposible no advertir en sus obras un poco de misogonia y cinismo: el Lord Henry de El retrato de Dorian Gray y las mujeres de La importancia de llamarse Ernesto. Por supuesto, todo eso es una crítica a la sociedad victoriana, pero de todas formas... Igualmente, no iba a dejar de leer De profundis o Teleny porque el autor "no me cayera bien" (solo un tonto haría eso).

De profundis es mucho más que una carta de reproche, pero como este es un blog de temática LGBT, le presté atención a los aspectos de la relación entre Wilde y Bosie. Ya van a ver más adelante el porqué del nombre de la entrada. Sin más, los dejo con la ficha de la edición que estoy manejando y la reseña.



Autor: Oscar Wilde
Editorial / Colección: Edicomunicación / Cultura
Género: Ensayo, Narrativa
Edición: Cartoné
Año Publicación: 1999
Traductor: Enrique Campbell
Diseño o fotografía de portada: Caspar David Friedrich, Quality Design
ISBN: 84-7672-962-6
Idioma: Español

Sinopsis de la contraportada:

En 1895, en la cima de su carrera, fue condenado a dos años de prisión con trabajos forzados, acusado de homosexualidad. Aunque sus años de cárcel lo destrozaron física y moralmente, escribió entonces De profundis, una de sus más hermosas obras, en la que analiza las causas de su caída desde la gloria al abismo en que se encontraba.



El amor que no se atreve a decir su nombre



Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde (1854-1900), mejor conocido como Oscar Wilde, conoció a Lord Alfred Douglas en el año 1891 y pronto comenzó con él una relación amorosa. Bosie -apodo de Douglas- tenía en ese entonces veintiún años. El joven amante de Wilde era hijo de Sibyl Montgomery y John Sholto Douglas, marqués de Queensbury, quien enterado de la relación homosexual de su hijo provocó escándalos en presencia de Wilde en varias ocasiones. Bosie, que odiaba tremendamente a su padre y deseaba desembarazarse de él, incitó a Wilde a denunciarlo por calumnias. Sin embargo, y como lo manifiesta Wilde en De profundis, el proceso se volvió en su contra. En consecuencia, el mundo le volvió la espalda y fue condenado a dos años de cárcel y trabajos forzados que deterioraron su salud. Murió en París, dos años después de haber salido de la cárcel.

De profundis es una extensa carta llena de resentimiento que Oscar Wilde escribió en la cárcel de Reading en sus últimos meses de prisión. Está dirigida a Lord Alfred Douglas y en ella le reprocha, entre otras cosas, su conducta y la vida de despilfarro que llevaba a costa suya.

Al leer y analizar De profundis hay que tener en cuenta que fue escrita en la prisión, luego de un año de trabajos forzados y humillaciones públicas. Oscar Wilde perdió absolutamente todo lo que poseía: su dinero, sus propiedades, su fama y su familia. Su madre murió mientras él estaba en la cárcel y la ley le quitó la tenencia de sus hijos. Todo lo que poseía y poseyera en el futuro pasó a manos del marqués de Queensbury, desde su biblioteca hasta los derechos de autor de sus obras.

Lejos de ser uno de los dramaturgos más destacados de la época victoriana, Wilde es en De profundis un amante decepcionado y despechado, y escribe como tal. Tanto es así, que comienza su extensa carta con un irónico Querido Bosie.


Bosie


La característica que se impone sobre las demás es que Wilde revive el pasado desde su presente condicionado por el sufrimiento. Tal como expone sus recuerdos, parece no haber vivido con su amante ningún momento grato. Se construye a sí mismo como una víctima y a Bosie como su victimario, como el culpable de su caída social y el mayor obstáculo entre él y su arte: cuando estaba con él, Alfred equiparaba toda su atención y Wilde se veía incapaz de escribir una línea.

...Mientras estuviste junto a mí [mi vida] fue absolutamente estéril e improductiva. Y, por desgracia, salvo contadas interrupciones, siempre estabas junto a mí» (p. 33).

Puede advertirse la hipocresía de sus palabras. Wilde y Douglas eran amantes, y es de suponer que la compañía del joven lord no significaba para el escritor una desgracia tan terrible. Pero Wilde habla desde la desgracia presente de haberlo perdido todo y nadie se atrevería a reprocharle sus palabras. El lector podría sonreír con la misma ironía, ya que de ese amor funesto nació la excelsa De profundis.

La figura que Wilde construye de Bosie con sus reproches y su ironía es la de un joven descarado y amante de los lujos, violento, dominante, posesivo, desequilibrado y poco dotado para las artes que Wilde amaba:

¿Sigues sosteniendo, como hiciste en tu respuesta a Robbie, que yo te endilgo móviles malignos? ¡Ay, si móviles jamás los tuviste en la vida! Tuviste únicamente apetitos. (p. 18).

De sobra sabía yo que ninguna traducción, ni aun siendo hijo de un poeta, reflejaría de forma apropiada el color y la cadencia de mi obra (p. 35).


Wilde se refiere a Salomé, arguyendo que la traducción de Bosie contenía «errores de colegial».

Tú, en el colegio, fuiste holgazán y algo todavía peor (p. 20).

Con la clase de vida que llevabas, todos tus ingresos anuales, de haber tenido que pagarte tú mismo tus comidas ( ... ) no hubieran bastado ni siquiera para tres semanas (p. 57).



Wilde y Bosie


Bosie, expuesto como el receptor-antagonista, no posee ninguna característica positiva: ni siquiera es atractivo. La juventud, aquello que posiblemente fue lo que atrajo a Wilde de él, ahora es presentada como una característica negativa:

Tú te hallabas en una edad en que todo cuanto se hace no es sino arrojar la semilla, y yo me hallaba en la edad en que todo cuanto se hace no es sino recolectar lo sembrado (p. 175).


En la obra hay claras referencias al amor griego, la relación pedagógico-amorosa entre un hombre adulto y un joven muchacho. De hecho, se dice que un vecino sorprendió a la pareja en la casa de campo que habían alquilado, jugando con agua completamente desnudos. A su sorpresa, Oscar Wilde le respondió «lo que usted está viendo es genuinamente griego». Durante los juicios celebrados en 1895, el juez utilizó en su contra el poema Dos Amores, célebre por su verso final que alude al amor homosexual «yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre». El poema personifica al amor heterosexual y al amor homosexual, quienes hablan con un tercer interlocutor y defienden su identidad: ambos son Amor. Aunque comúnmente es atribuido Wilde, el autor de este bello y sensible poema es, en realidad, el joven Bosie. Cuando el abogado Charles Gill le preguntó a Wilde cuál era el amor que no se atrevía a pronunciar su nombre, este último respondió: "El Amor que no se atreve a decir su nombre", en este siglo, es parecido al intenso cariño de un adulto por un joven, como fue entre David y Jonathan, como Platón hizo la base de su filosofía, y como encuentras en los sonetos de Miguel Ángel y Shakespeare. Es ese cariño profundo y espiritual que es tan puro como perfecto. Dicta e impregna grandes obras de arte como las de Shakespeare o Miguel Ángel, y esas dos cartas mías. Es mal interpretado en este siglo, tan mal interpretado que tiene que ser descrito como "el Amor que no puede decir su nombre" y a causa de él estoy aquí ahora. Es hermoso, es magnífico, es la forma más noble de cariño. No hay nada innatural en él. Es intelectual, y repetidas veces existe entre un adulto y un joven, cuando el adulto tiene intelecto y el joven tiene toda la alegría, esperanza y glamour ante él. Eso sería lo que el mundo no entiende. El mundo se burla de él y a veces pone a alguno en la picota.

Sin embargo, el propio Wilde le plantea a Bosie que su amor no era de esta forma:

Me reprocho el haber dejado embargar por completo mi vida por una amistad que no radicaba en el espíritu; una amistad que no tenía por objeto principal la creación y la contemplación de la belleza (p. 20).

No necesito preguntarte cuál fue mi influencia sobre ti. De sobra sabes que no tuve ninguna ( ... ). Y ¿qué podía haberse dejado influir en ti? ¿Tu inteligencia? Aún no estaba desarrollada. ¿Tu imaginación? Estaba muerta. ¿Tu corazón? No había nacido todavía (pp. 168-167).


Lord Alfred Douglas a los 33 años


A lo largo de la carta, Wilde comenta toda las veces en que trató alejarse de Bosie y cómo siempre, irremediablemente, acababa cediendo, perdonándolo y cumpliendo cada uno de sus caprichos. La culpa de estos reencuentros siempre es de un tercero: la madre de Alfred, la propia esposa de Wilde, la insistencia de Bosie. A Wilde parece costarle aceptar su propio capricho: su amante. Solo eso explica que dedicara sus últimos meses en la cárcel a escribir una carta tan extensa, tan llena de sensibilidad y reproches al hombre que lo arrastró a la ruina. Solo eso explica, también, que el hecho de que Bosie no le haya escrito lo angustia terriblemente.

El recuerdo de nuestra amistad es la sombra que aquí me acompaña, la que nunca parece abandonarme (p. 59).

Acusa a la madre de Bosie, a su padre, a su esposa, pero ni él mismo advierte su hipocresía:

Nadie puede volcar sobre otro su responsabilidad. Ésta acaba siempre por volver a aquel a quien le corresponde (p. 160).


Conmovedora y desgarradora, en De profundis Wilde intenta desnudar su alma, que queda cubierta por lo que él mismo no desea o no puede dejar por escrito. Así como el Amor dijo su nombre, en De Profundis Oscar Wilde siente ambos: Amor y Vergüenza. Finalmente, le pide a Bosie que le escriba y le envíe la dedicatoria de las poesías que este quería publicar. La carta concluye, como era de esperarse, con la frase de perdón: «He de decirte esto aún: no tengas miedo alguno al pasado».



Dos amores
fragmento


Dulce joven,
Dime ¿por qué, triste y suspirando, vagas
por estos apacibles lugares? Te ruego, dime la verdad,
¿Cuál es tu nombre? Él respondió: "Mi nombre es Amor."
Inmediatamente, el primero se dio la vuelta hacia mí
y gritó: "Está mintiendo, ya que su nombre es Vergüenza,
pero yo soy Amor, y yo estaba acostumbrado a estar
solo en este bello jardín, hasta que él vino
sin ser llamado durante la noche; yo soy el verdadero Amor, yo lleno los corazones del joven y de la joven con fuego mutuo".
Después suspirando, dijo el otro: "Entonces permíteme,
yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre".

Alfred Douglas, "Bosie"

Este es el único fragmento de Dos amores que encontré traducido en la red. Pensé que era todo el poema, pero cuando lo leí por segunda vez me llamó mucho la atención la parte en que dice «el primero» y sospeché que se trataba de una referencia que hacía alusión a algo anterior (anáfora). Busqué la versión en inglés y la encontré. Es demasiado larga para que la deje acá (y muy difícil de traducir), así que les dejo el link por si les interesa leerla completa: Two Loves, by Lord Alfred Douglas.

Bastante lindo era Bosie, ¿no? Lo que más me llamó la atención de la carta fue el final, el hecho de que Wilde quisiera reencontrarse con él al salir de la cárcel. Así sucedió, pero la relación no prosperó y Wilde murió de meningitis en el 1900, en París, llevando una vida miserable bajo un nombre falso. Me pregunté por qué querría verlo de nuevo, cómo era posible que después de todo lo que pasó lo siguiera queriendo. No sé, nadie puede saberlo. Pero cuando salió de la cárcel Wilde estaba arruinado y ya no tenía nada que perder. Quizás, después de la madre de Bosie y su esposa, esa fue la última culpable, el último engaño: su ruina.


Fuentes




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5 comentarios:

  1. Fer dijo...:

    Wow, Nimphie, qué genial reseña!!
    De Oscar Wilde tengo que confesar que sólo leí El retrato de Dorian Gray, pero este me gustó mucho (tengo entendido que es su única novela).
    Me dieron muchas ganas de leer De profundis, así que voy a ver si la consigo impresa!!
    Por otro lado, me gustó mucho el poema de Lord Bosie, se siente muy muy actual.

    Besos!!
    Fer

  1. Ephaestion dijo...:

    Fer solo leyó Dorian Gray y yo de Dorian Gray solo vi la peli, jaja. Pero cuando leí Teleny, quede así: O_o como la mayoria.

    Nena, este blog está cada vez mejor y acabo de ver ese-que-tú-ya-sabes y cada vez esta más pior :P

    Intenté pero no pude leer De Profundis... sabes q me pasó? No soporté la hipocresia ni el cinismo de Wilde q tu dices, aunque en ese momento no comprendi que eran hipocresía y cinismo. Me molestaba que hablara tan mal de su pareja cuando él mismo alentaba esa situación... A ver si logro retomarlo, pero lo dudo...

  1. Carmen dijo...:

    Magnífica reseña!!Además has dado en una de mis debilidades... Oscar Wilde!!
    Un beso, y feliz finde!!

  1. Galtzagorri dijo...:

    Me encanta Oscar Wilde, aunque tienes razón, no soporto su forma de describir y tratar a las mujeres en sus obras :S
    El retrato de Dorian Gray me lo he leído ya ods veces. También todas sus obras teatrales, sus cuentos, algunos de sus ensayos, y, por supuesto, De profundis.
    ¡Me ha encantado tu reseña!
    Un abrazo, hasta pronto.

    Por cierto, te he afiliado también :)

  1. Anónimo dijo...:

    Soy una gran admiradora de Oscar Wilde. He leído todas sus obras mas de una vez. Y sigo sin poder comprender el amor desmedido que le profesaba a Lord Alfred Douglas. Tampoco comprendo la razón por la cual Oscar acusa a Douglas de su "incapacidad de estar solo", cuando a decir verdad, era el mismo Wilde el que le perdonaba cuanta fechoría le hiciera. Pobre, pobre Oscar. Murió humillado, en la ruina, enfermo. Si el supiera lo que es ahora... Sabría que valió la pena todo por lo que tuvo que pasar... En fin.

 
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