Nombre de guerra, Claudio Zeiger

martes, 17 de enero de 2012
Título: Nombre de guerra
Autor: Claudio Zeiger
Editorial: Destino
Páginas: 159

Texto de contratapa:

"La madre traza la imagen de su hijo en la sombra de una pared opaca, la bordea de cruces y espera la aparición de un mensaje sobre el futuro. Enigmática, calla lo que lee en ese mandala y a partir de ahí, la identidad sella su posibilidad de expresión. El enojo y la tensión de la piel sienten "una náusea dulce". ¿Quién es el sujeto? ¿Qué se espera del futuro y de ese sujeto, el hijo? ¿Cómo se marcan las líneas de la vida? ¿Qué lugar ocupa quien ofrece su cuerpo para ser leído? Violencia y desnudez de ese gesto inaugural dan inicio a la historia de un muchacho de Avellaneda -que él y su amigo nombran "el pueblo"- donde la suma de opuestos entablan una guerra permanente: nombre real o nombre de guerra, ser o parecer, hombre o arcángel, macho o hembra, centro o suburbio.

Chicos de aire huérfano deambulando por ambientes duros, víctimas de la intemperie son chicos que como Silvio -el mítico personaje arltiano de Juguete rabioso- desenmascaran la hipocresía y arman su propio texto de iniciación. Nombre de guerra teje las aventuras y cacerías nocturnas de dos taxy-boys que buscan la libertad en la fácil obtención de dinero a través de la prostitución. La consigna es cambiar de nombre y jugar al "yo no soy el que ustedes creen que soy": Andrés-Gabriel, Adrián-Pablo.

Si dar un nombre es dotar a otro de ser, elegir un nombre es animarse a los límites de la identidad. En esa cadena de nombres propios un objeto que satura esa continuidad aparece como desencadenante: así, una cadenita que pasa de mano en mano encierra una trasgresión, una entrega y una clave.
Claudio Zeiger indaga magistralmente el espacio de la identidad y socava el lenguaje del relato tradicional con un realismo crudo que impacta y desestabiliza todos los estereotipos.




Un breve acercamiento a la novela


Andrés y Pablo son taxi boys. Juntos, recorren boliches y cines porno en busca de hombres que les paguen con dinero o regalos caros. Andrés y Pablo, por la noche, son Gabriel y Adrián. Juntos, se tiran en la cama de Pablo, a reírse de esos hombres que les compran camisetas y pulóveres de marca. Mónica, la madre de Pablo, en su sordera y vejez, sabe que su hijo anda en cosas raras. Y una tarde, irrumpe en la casa de Andrés para soltarle todo a su madre:

¿No sabe que su hijo y el mío andan con maricas?

Andrés se va de la casa y vuelve esporádicamente, cuando su madre trabaja, para buscar ropa e intentar volver el tiempo atrás. Pablo se va al sur, dice, para olvidarse de esa vida y trabajar con sus tíos.

Andrés, que ha sido moldeado por las manos de Pablo, se encuentra perdido en la Avellaneda nocturna (el pueblo), sin un lugar donde dormir y sin nada de dinero. Allí comienza la historia. Mientra Pablo, al parecer, ha decidido trabajar y dejar la prostitución, Andrés —Gabriel, el Arcángel—, en la eterna búsqueda de una libertad imposible, se ha quedado huérfano de nuevo.

Todos ocultan. Algunos lo hacen por necesidad. Otros por aparentar lo que no son. Otro, por puro gusto, porque se acostumbraron a mentir y ya no pueden dejar de hacerlo. "Yo lo tengo estudiado" le dijo Pablo. "Si mostrás más, no se tiene que notar, suena falso, queda mal. Pero si mostrás menos, sí se tiene que notar."
—¿Yo? —se animó a preguntar Andrés—. ¿Qué hago?
Pablo lo miró un largo rato y después empezó a sonreír.
—Te aconsejo mostrar menos.

P. 96

Sin embargo, todo parece indicar que Pablo no está en el sur, como le había dicho a su amigo. A Pablo lo están buscando por algo y Andrés no tiene ni idea del porqué.

Lo que más me gustó de la novela, además de sus personajes crudos, sin adornos, tan desnudos como recién nacidos, fue que nos deja con un duda: ¿estamos, después de todo, frente a una historia de amor?



EL AUTOR

Claudio Zeiger nació en Buenos Aires en 1964. Publicó las novelas Nombre de guerra (1999; reeditada en 2003 con el sello Destino), Tres deseos (Destino, 2002), Adiós a la calle (Emecé, 2006) y Redacciones perdidas (Emecé, 2010). Trabaja como periodista desde hace más de una década, y actualmente se desempeña como editor de la sección Libros del suplemento Radar de Página/12.



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1 comentarios:

  1. Anónimo dijo...:

    Me gustó mucho el libro, Ziegler escribe de un modo personal y realista.Gracias por la recomendación.
    un clásico que no puede faltar en tu blog y es muy simple de encontrar: Querelle de Brest, de Jean Genet.

 
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